
"Al rico chumbo " es el grito de guerra que entona cada día José. A la vez que pregona su dulce y espinosa mercancia va tirando de una pesada y antigua bicicleta Orbea, cargada con dos banastas de chumbos por la calle de la mar. Todos los días los veraneantes que quiere degustar este fruto en su desayuno esperan plato en ristre a la puerta de sus casas el paso de este vendedor, en los hogares mas pudientes es la empleada de hogar la encargada de hacerlo. Con gran habilidad pela este espinoso fruto , una docena por aquí, media docena por allá . Así lentamente va recorriendo las principales calles y zonas de veraneantes hasta llegar al pequeño mercado de Torrenueva, aquí al amanecer dejo a su mujer con otra banasta, hoy han tenido suerte, han vendido toda su mercancía. Antes de emprender el regreso al pequeño cortijo en el que viven compran algunas viandas, el camino de vuelta es: por el seco y polvoriento cauce de la rambla de Villanueva, detrás de una revuelta entre cañaverales y junto a la sombra de dos álamos blancos aparece el cortijo. Unos niños, casi todos parejos, arrancan a correr con alegría por la cuesta que hay para bajar hasta la rambla, han visto llegar a sus padres y alborozados corren alrededor de ellos.
Al atardecer, casi con el sol ya puesto, José coge unas tenazas y un cubo se introduce entre las chumberas y va recogiendo frutos, su mujer con una escoba hecha de altabacas los va barriendo para quitarles la espinas
Mañana, al despuntar el alba dejaran sus hijos al cuidado de la señora mayor propietaria de la pequeña finca y ellos otra vez volverán a la Torre con su dulce y espinosa carga que les dara de comer a ellos y sus hijos . Así, día tras dia durante todo el verano
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