Ni tu ni el
A martillazos de cristal, el pecho
espera que el dolor le alumbre un llanto
es música y esperanza. Y mientras tanto,
silbo en silencio, contemplando el techo.
Sábanas son el mar, navío el lecho,
sedas hinchadas a favor de espanto,
y para qué cambiar: si me levanto
surco la misma sed que si me echo.
Silba en silencio. Sin salir de casa,
silbo a los cuatro vientos del olvido,
a ver si vuelve Dios. A ver qué pasa.
Qué va a pasar. Silencio a martillazos.
Un navío en el mar, y otro perdido
que iba y venía al puerto de mis brazos.
Blas de Otero
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