Francisco Lorenzo

Francisco Lorenzo

viernes, 13 de abril de 2012

“CREE EL LADRÓN QUE TODOS SON DE SU CONDICIÓN”


Ángel Pacheco Claros, Catedrático de Hª del Arte y presidente del Ateneo motrileño



El secretario de administraciones públicas, el Sr. Beteta, que generaliza el insulto y descalificación a los funcionarios y que parece liderar a las huestes de sus correligionarios para lograr la salvación ética de este país, olvida algo esencial: practicar la obligada sencillez y humildad como representante político de España en vez de usar la soberbia mesiánica.
Le recomiendo que empiece poniendo en cuestión su propia productividad:
Según informa EL PERIÓDICO:
“Los Presupuestos Generales del Estado 2012 mantienen el mismo sueldo para los secretarios de Estado y el resto de altos cargos, pero contemplan que un secretario de Estado pueda ganar más que un ministro gracias a los complementos”
En lo que se refiere a los secretarios de Estado y asimilados, el sueldo base para este 2012 se ha calculado en 12.990.72 euros, a lo que se añade un complemento de destino de 21.115,92 y uno específico de 32.948,67 euros. El total, el mismo que rige desde mayo de 2010, alcanza los 67.055,31 euros, a los que se suman dos pagas extraordinarias de 655,84 euros más la cuota correspondiente del complemento de destino.
¿Cuáles son sus méritos para que tengamos que pagar a este individuo tanto dinero en estos duros momentos?
Es muy curioso lo que está sucediendo con esta crisis. Estos políticos no paran de desplazar la culpa hacia "los otros". Desde los funcionarios, los que vivieron por encima de sus posibilidades, los hipotecados, los que cobran el paro, los pacientes de la seguridad social y ahora los que se toman café en el curro. Pero el caso es que todos los anteriormente nombrados juntos necesitarían varias vidas para llegar a alcanzar el volumen de fraude fiscal de las grandes empresas y la banca tan felices ellas.
Exijo respeto para todos mis amigos y conocidos, funcionarios o no que, sin posibilidades de robar ni de medrar en sus trabajos, con escuetos ingresos, han extendido su amor y su trabajo a sus semejantes, por la mañana, por las tardes, por las noches, con profesionalidad, llevándose el trabajo a sus casas y tomando “cafelitos” de madrugada para no dormirse corrigiendo y preparando trabajos de alumnos o sacando adelante lo que directivos inútiles no hacían.


Ángel Pacheco Claros 

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