Una
gran pancarta en lo alto del hotel, un enorme grafiti abajo y una
espectacular bola de una máquina para demolición colgada sobre una grúa, son los tres
mensajes que activistas de Greenpeace han dejado esta semana en el hotel
ilegal El Algarrobico, en pleno Cabo de Gata, Almería, para exigir su
demolición.
Lo paradójico de esta acción de Greenpeace fue que los militantes ecologistas tuvieron que soportar una manifestación de vecinos del lugar que pedían que se terminara el hotel para conseguir empleo. Lo de siempre "pan para hoy hambre para mañana". El futuro de la zona solo se garantiza, sí el parque natural Cabo de Gata Nijar siga siendo eso, un espacio natural totalmente protejido de los intereses de los especuladores.
La orden dada por el Gobierno no parece tener mucha prisa en demoler este mamotreto de cemento que daña la vista, una mole de 21 pisos a 50 metros del mar.
Una
docena de miembros del grupo ecologista se ha presentado en la sede de
la Presidencia del Gobierno con una carta respaldada por 27.000 firmas
para exigir la demolición del inmueble.

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