
Hoy, 19 de junio, se cumple el 23º aniversario del atroz atentado de ETA en el supermercado Hipercor de Barcelona. En la acción terrorista, la más sangrienta de las llevadas a cabo por la banda, perecieron 21 personas y 45 resultaron heridas de diversa gravedad. La mayoría de las víctimas recuerdan aquel día como el más trágico de su vida y, si bien casi todas se han reincorporado con normalidad a sus respectivas labores, algunas dedican gran parte de sus esfuerzos a conseguir una indemnización digna.
A sangre fría
Los miembros del comando "Barcelona", Josefa Ernaga, Domingo Toritiño y Rafael Caride Simón, que fue quien propuso el atentado, decidieron estallar una potente bomba incendiaria dentro de los almacenes Hipercor, siguiendo órdenes del entonces jefe de la banda terrorista Santiago Arrospide Sarasola, "Santi Potros".
Los tres premeditaron a sangre fría la acción. Visitaron previamente los almacenes y eligieron el lugar en que el automóvil iba a ser aparcado, así como la hora de la explosión. En un piso situado en la barcelonesa calle de Casteldefels prepararon una bomba con unos 30 kilos de amonal, 100 litros de gasolina y una cantidad indeterminada de pegamento adhesivo y escamas de jabón hasta un total de 200 kilos, que luego serían introducidos en bidones de plástico dentro de portaequipajes del vehículo robado, un "Ford Sierra". El artefacto se completó con un dispositivo de retardo con temporizador.
El día escogido para la matanza fue el 19 de junio de 1987. Tras colocar el coche bomba en el aparcamiento del supermercado, Troitiño hizo tres llamadas desde una cabina telefónica, en la que daba aviso a la Guardia Urbana de Barcelona, a la administración del propio supermercado y al diario "Avui" de la inminente explosión de una bomba en los almacenes Hipercor.
Aunque la Policía quedó alertada, el servicio de seguridad del establecimiento no consideró conveniente la evacuación de las personas que en ese momento allí se encontraban y decidió tan sólo la busca del artefacto. Desgraciadamente, los trabajos de localización de la bomba resultaron infructuosos.
A las cuatro y diez actuó el temporizador y se produjo el estallido en la primera planta del garaje. La explosión abrió un cráter en el suelo y un agujero en el techo, orificios que permitieron el paso de una auténtica bola de fuego. Esta bola abrasó a las personas que encontró a su paso y produjo una gran cantidad de gases tóxicos que ocasionaron la asfixia de la gente que se hallaba en su radio de acción.
El saldo del atentado fue estremecedor: murieron 21 personas, 45 resultaron heridas, muchas de ellas de consideración, y el sepermercado y otros edificios próximos quedaron dañados en su estructura.
Gracias a los trabajos de la Policía y los Bomberos, el incendio pudo controlarse inmediatamente. De no haber sido así, el atentado pudo provocar una catástrofe de "todavía más pavorosas proporciones" si hubiera alcanzado la planta textil, y haberse ocasionado "centenares de víctimas", afirmó la Audiencia Nacional en la sentencia de los miembros del comando Barcelona.
Domingo Troitiño y Josefa Ernaga fueron detenidos el 9 de septiembre de ese trágico año de acciones terroristas, que se saldó con 52 personas muertas y cuantioso número de heridos. El 23 de octubre de 1989, los dos fueron condenados a 794 años de prisión y a indemnizar con más de 1.000 millones de pesetas a los herederos de las personas que fallecieron y a las que resultaron heridas, así como por los daños materiales que produjeron.
La sentencia de la Audiencia Nacional exponía que los terroristas actuaron con clara premeditación, puesto que "admitieron plenamente el resultado, para el cual durante largo tiempo habían meditado y sopesado todos los factores".
Los terroristas condenados, intentando justificar su indiscriminado acto, dijeron en el juicio que con esta acción terrorista pretendían tan sólo incendiar los almacenes, pero no causar muertes, aunque tenían conocimiento de que, tanto en el interior como en la parte superior de Hipercor, donde hay viviendas edificadas, había gente.
Posteriormente, el 25 de julio de 2003, la Audiencia Nacional condenó a 790 años y medio de cárcel a Santiago Arrospide, "Santi Potros", y a Caride Simón por ordenar y ejecutar, respectivamente, el atentado.
La masacre, repudiada y criticada duramente por la sociedad española, incluso llegó a dividir a la cúpula etarra que, para explicarse ante sus seguidores, no tuvo más remedio que calificar el atentado de "grave error".
Al recordar este triste aniversario deseo expresar mi solidaridad y cariño para las víctimas de estos crímenes tan execrables, a la vez también mi indignación, mi rabia y mi desprecio más absoluto para sus autores, autentica "escoria y basura del genero humano".
Los más de 800 muertos que la banda terrorista suma en su balance particular desde que comenzó su actividad en 1968 no han servido aún para abandonar las armas. Y es que la paz "dificilmente puede conseguirse con coches bomba, pegando tiros y pistolas", como dijo en el Congreso de los Diputados el lehendakari del Gobierno vasco, José Antonio Ardanza.
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